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miércoles, 19 de agosto de 2009

Negocios a la española.

Negocios a la española.

A ingenio no hay quien nos gane. Será uno de esos grandes topicazos, pero la verdad es que ese rasgo nuestro, tan piel de toro, es seña de identidad. Desde luego que hay muchos ejemplos, debe haberlos, a la vista está la intensa actividad que los Juzgados y fiscales anticorrupción tienen en los últimos tiempos. Uno ocurrió hace unos años en Paris y tuvo como protagonista a la emblemática Tour Eiffel.

La capital gala se preparaba para un gran acontecimiento y los responsables de la conservación de la torre repararon con retraso en la necesidad de adecentar el aspecto del monumento de cara a los grandes fastos, unas celebraciones que concitaban la atención de millones de personas en todo el mundo.

Trascurridos unos días después de haber hecho pública la solicitud urgente de presupuestos, se presentó en la ciudad una representación de una empresa oriental. Los ingenieros Hito-Hito y Kawuanich aportaron un pormenorizado documento en el que, al final, se presupuestaban 3 millones de euros. En resumidas cuentas, un millón en materiales, otro más en salarios y un tercero representaba el beneficio.

Menos de veinticuatro horas más tarde la delegación que se presentaba era alemana. La sociedad Ghuön-Wothmter esgrimió una propuesta basada en las últimas tecnologías y materiales sintéticos de última generación. Un alarde científico con todas las garantías avaladas por las instituciones más prestigiosas y los laboratorios más reputados del continente. El único inconveniente de semejante propuesta eran los 6 millones de euros.

Teniendo como referencia el presupuesto de los japoneses Parchon pensó: “!Claro Dos millones de materiales, otros dos en salarios y estos pretenden ganar dos millones…”

No había salido de sus pensamientos cuando… “pom, pom, pom…”, alguien golpeó la puerta de su despacho entreabierta.

- “¿Se puede?” preguntó una voz. Parchon alzó la vista y observó a un hombre parado en la puerta. Gafas de sol, pelo engominado hacia atrás, camisa de cuello estrecho con botoncitos, pantalón vaquero y una chaqueta milrayas gris marengo.

- “¿Es usted el jefe?”, continuó aquel hombre sin dar opción a Parchon ni a decir bonjour. “Mire, yo vengo en representación de Socorrosa, una empresa que tenemos mi cuñado y yo, para la obra esta de pintar la torre esa”.

- “Pero, ¿no trae usted un estudio técnico? ¿un presupuesto?”, preguntó monsieur.

- “!Eso lo dejamos arreglado ahora mismo!”, replicó el hombre. “mire, esto… tirando así por lo bajo, dando una mano de minio dos de esmalte del bueno, de ese anticorrosión; teniendo en cuenta la cuadrilla, el material, los transportes, los días de estancia y los extras…, se le puede quedar…, ¡nueve millones!. Parchon salto como un resorte:

- “Mais, ¡Mon Dieu! Pas posible. Çe plus, Monsieur”.

Tras un segundo de silencio, aquel hombre miró a Parchon, directamente a los ojos y con sosegada calma explicó:

- “Nueve millones, amigo. Tres para usted y tres para mi… ¡y conozco a unos japoneses que por otros tres millones lo dejan todo niquelado!”.

Parchon esgrimió una mueca y un brillo en los ojos. El hombre rió a carcajadas, echó la mano por encima del hombro de Parchon y dijo:

- “Me parece que este es el principio de una larga amistad”.

- “Oui”.

sábado, 1 de agosto de 2009

Aseguran que ocurrió...

Aseguran que ocurrió...

A una mujer le roban el coche, y al hacer la denuncia dice que este coche tenía un teléfono. Entonces un policía llama a ese teléfono, y le dice al conductor “que si se acuerda de él, que estuvieron hablando sobre lo del anuncio del coche hace un mes, que ya se ha decidido finalmente y que va a comprarle el coche, tras haber estado mirando precios y tal”. El chorizo picó, y fue detenido al ir a la cita para cerrar el trato.

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Se dice que un 'profesional' tuvo la genial idea de meterse en una tienda y mirar si había gente, o policías, o como escapar, etc., mientras le pedía cambio de un billete de 50€ al dependiente. El de la tienda le dijo que lo sentía, que los de seguridad se acababan de llevar todo el dinero y que sólo le quedaban unos 15€ en la caja. El ladrón no se cortó, saco la pistola y le dijo que le diera los 15 euros. Luego se largó.

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Un campesino se dedicaba a cultivar melones. Le iba bastante bien, pero había una pandilla de chicos que se metía en su huerto y le robaban los melones. Al cabo de un tiempo, este hombre decide que tiene que hacer algo para detenerlos, así que puso un cartel en mitad del huerto diciendo "uno de estos melones esta envenenado."

Ciertamente los chicos dejaron de robarle melones, pero unos días más tarde se encontró con que habían cambiado el cartel y ahora decía "dos de estos melones están envenenados”.

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En un concurso radiofónico de preguntas y respuestas:

(Locutor): - Buenos días, señora. Voy a hacerle una pregunta muy sencilla. ¿Qué es el cloruro sódico? (Es la sal).

(Señora): - Pues no lo sé. Deme una pista.

(Locutor): - Lo tiene usted en la cocina.

(Señora): - Aceite.

(Locutor): - No. Mire, es blanco.

(Señora): - La harina.

(Locutor): - No. Lo siento.

(Señora): - Ande, deme otra pista.

(Locutor): - Bueno, se lo echa a su marido en los huevos.

(Señora): - Los polvos de talco.

Por supuesto hubo un corte de 5 minutos de música y una amonestación al locutor por soltar una carcajada tan bestial.