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martes, 20 de octubre de 2009

El chófer de Einstein.

El chófer de Einstein.

Lo dan como verídico, aunque puede que sólo sea un bulo. Eso sí, un divertido y verosímil bulo relativo a un personaje tan inteligente como extravagante: Albert Einstein.

Ocurrió al final del primer cuarto del siglo XX, justo cuando el científico empezaba a ser conocido en aquel mundo por su Teoría de la Relatividad, y comenzó a ser requerido por universidades y diversas entidades científicas y académicas para pronunciar conferencias. Aunque no le gustaba conducir, el genio hacía uso del automóvil para sus continuos traslados y, por ello, contrató los servicios de un experto chófer.

En cierta ocasión, después de varios días de viaje en viaje, Einstein comentó a su chófer lo aburrido que debería ser para él hacer lo mismo un día y otro día.

- Si quiere, -contestó el chófer- le puedo sustituir por una noche. He oído tantas veces su conferencia que la podría recitar palabra por palabra.

Einstein, casi sin dudarlo, le tomó la palabra y, antes de llegar a su próximo destino, intercambiaron el puesto y ropas. A la llegada nadie sospechó nada. Ninguno de los asistentes conocía en persona al eminente doctor.

El chófer expuso la conferencia a la perfección y al final de su intervención, desde las butacas del auditorio un espectador formuló una pregunta. El chófer no tenía ni la más remota idea de aquello por lo que era interpelado, pero supo salir del apuro con un golpe de inspiración:

- Mire usted, estimado colega –dijo-, después de todo lo que he explicado esta noche, la pregunta que usted me hace es tan obvia que hasta mi chófer conoce la respuesta y es muy posible que él mismo le responda.

martes, 6 de octubre de 2009

La media manta.

La media manta.

Uno de Octubre.- Día Internacional de las Personas de Edad.

Don Roque era ya un anciano cuando murió su esposa, durante largos años había trabajado con ahínco para sacar adelante a su familia. Su mayor deseo era ver a su hijo convertido en un hombre de bien, respetado por los demás, ya que para lograrlo dedicó su vida y su escasa fortuna.

A los 70 años Don Roque se encontraba sin fuerzas, sin esperanzas, solo y lleno de recuerdos. Esperaba que su hijo, brillante profesional, le ofreciera su apoyo y comprensión, pero veía pasar los días sin que este apareciera y decidió por primera vez en su vida pedirle un favor a su hijo.

Don Roque tocó la puerta de la casa donde vivía su hijo con su familia.

- ¡Hola papá! ¡Qué milagro que vienes por aquí!

- Ya sabes que no me gusta molestarte, pero me siento muy solo, además estoy cansado y viejo.

- Pues a nosotros, nos da mucho gusto que vengas a visitarnos, ya sabes que esta es tu casa.

- Gracias hijo, sabía que podía contar contigo, pero temía ser un estorbo. Entonces ¿no te molestaría que me quedara a vivir con vosotros? ¡Me siento tan solo!

- ¿Quedarte a vivir aquí?, sí... claro... pero no sé si estarías a gusto. Tú sabes, la casa es chica, mi esposa es muy especial... y luego los niños…

- Mira hijo, si te causo muchas molestias olvídalo, no te preocupes por mí, alguien me tenderá la mano.

- No padre no es eso, sólo que... no se me ocurre dónde podrías dormir. No puedo sacar a nadie de su cuarto, mis hijos no me lo perdonarían... a no ser que… no te moleste dormir en el patio...

- ¿Dormir en el patio? Está bien –aceptó cabizbajo el anciano Don Roque.

El hijo de Don Roque llamó a su hijo Luis de 12 años:

- Dime papá.

- Mira hijo, tu abuelo se quedará a vivir con nosotros. Tráele una manta para que se cubra durante la noche.

- Sí, con gusto papá... ¿y dónde va a dormir?

- En el patio, no quiere que nos incomodemos por su culpa.

Luis subió por la manta, tomó unas tijeras y la cortó en dos partes. En ese momento llegó su padre:

- ¿Qué haces Luis? ¿Por qué cortas la manta de tu abuelo?

- Sabes papá, estaba pensando...

- ¿Pensando qué?

- En guardar la mitad de la manta para cuando tú seas viejo y vayas a vivir a mi casa.