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martes, 23 de febrero de 2010

La esposa sorda...

La esposa sorda...

Ves la paja en el ojo ajeno y no ves la viga en tu propio ojo. Atención a la conversación que tuve con mi amigo Demian sobre las discusiones con su pareja… y saca tus propias conclusiones.

- Me parece que Gabriela está chiflada, loca como una zapatilla... –empezó su discurso Demian.

- ¿Por...? –le pregunté.

- Estuvimos discutiendo toda la semana por el tema de las vacaciones. Resulta que Gabriela quiere que vayamos todo el mes a Punta del Este con los viejos de ella, que nos invitaron; y yo no quiero ir porque me gustaría que nos fuéramos a Mar del Plata, con un grupo de amigos del club. Yo sé que a ella le gustaría mucho más el proyecto de Mar del Plata, pero está emperrada en lo de Punta. Y si hay algo que a mí me pone loco es cuando Gabriela se emperra. Más la veo así y más tozudo me pongo yo. Hasta que llega un momento en que no puedo hablar más con ella, porque siento que es absolutamente incapaz de abrir su cabeza y escuchar otras opiniones.

- ¿Y por qué ella prefiere ir a Punta del Este?

- Por nada, es un capricho.

- Pero ella no dice que es un capricho, ¿o sí?

- No, ella dice que quiere ir a Punta.

- ¿Y tú no le preguntaste por qué?

- Sí, claro que le pregunté, pero ni sé qué bobada me contestó.

- Pero Demi, si no sabes qué contestó, ¿cómo puedes decir que es una bobada?

- Porque cuando Gabriela se encapricha, dice cualquier cosa y no escucha razones. Descalifica todo lo que el otro dice y lo único que atiende son sus propios argumentos.

- Echa por tierra tus argumentos…

- Sí.

- Dice, por ejemplo, que lo tuyo son estupideces, o que eres un cabeza dura...

- Eso.

- O que eres un caprichoso.

- Sí, también, ¿cómo lo sab...?

Puesto que aprecio sinceramente a Demian y no quería ofenderle, intenté lo siguiente. Le dije: -Escucha el chiste que me contaron ayer-.

Un tipo llama al médico de cabecera de la familia: --Ricardo, soy yo, Julián.
- Ah, ¿qué me dices, Julián?
- Mira, te llamo preocupado por María. Se está quedando sorda.
-¿Cómo que se está quedando sorda?
- Sí, necesito que vengas a verla.
- Bueno, la sordera en general no es una cosa repentina ni aguda, así que el lunes que venga a la consulta y la examino. ¿Cómo te has dado cuenta de que no oye?
- Porque la llamo y no contesta.
- Mira, puede ser una tontería como un tapón en el oído. A ver, hagamos una cosa: vamos a detectar el nivel de sordera de María: ¿dónde estás tú?
- En el dormitorio.
- ¿Y ella dónde está?
- En la cocina.
- Bueno, llámala desde ahí.
- MARIAAA... No, no me oye.
- Bueno, acércate a la puerta del dormitorio y grítale por el pasillo.
- MARIIIAAA... No, no, ni caso. MARIAA, MARIIAAA, MARIIIAAAA... Nada. Estoy parado en la puerta de la cocina y la veo, está de espaldas lavando los platos, pero no me oye. MARIIIAAA... Ni caso.
- Acércate más.
El tipo entra en la cocina, se acerca a María, le pone una mano en el hombro y le grita: ¡¡¡MARIIIAAAA!!! La esposa furiosa se da la vuelta y le dice: -¿Qué quieres? ¿QUÉ QUIERES?, ¿QUÉ QUIEREEEES? Me has llamado como diez veces y te he contestado ¿QUÉ QUIERES?... Cada día estás más sordo, no sé por qué no ves al médico de una vez...-

Observo el gesto de su cara… nada, el que no se entera es Demian… así que le dije: -Demian, cada vez que veas algo que te molesta en otra persona, podrías pensar que es lo mismo que le molesta a ella de ti-.

Demian, definitivamente está sordo.

jueves, 11 de febrero de 2010

Palabra de Dios.

Palabra de Dios.

Una conocida locutora de radio de los Estados Unidos da consejos en directo a los oyentes que llaman por teléfono. Con una de sus intervenciones saltó la polémica. Dijo que la homosexualidad es una abominación, ya que así lo indica la Biblia en el Levítico, versículos 18.22, y por tanto no puede ser consentida.

Esta es una carta de un oyente en respuesta a su sentencia.

Querida amiga:

Gracias por dedicar tantos esfuerzos a educar a la gente en la Ley de Dios. He aprendido muchísimo de su programa. Por ejemplo, cuando alguien intenta defender el estilo de vida homosexual me limito a recordarle sus palabras. De todas formas necesita algún consejo respecto a algunas otras leyes bíblicas y cómo cumplirlas.

Me gustaría vender a mi hija como esclava, tal y como menciona el Éxodo 21.7. En los tiempos que vivimos, ¿qué precio piensa que sería el más adecuado?

El levítico, 25.44, establece que puedo poseer esclavos, mientras sean adquiridos en naciones vecinas. Un amigo mío asegura que esto es aplicable a los mejicanos, pero no a los canadienses, ¿me podría aclarar este punto?

Sé que no estoy autorizado a tener contacto con ninguna mujer mientras esté en su período de “impureza menstrual” (Lev. 20.18). Mi problema es… ¿cómo puedo saber si lo están o no? Al preguntarlo, bastantes mujeres se sienten ofendidas.

Tengo un vecino que insiste en trabajar en sábado. El Éxodo, 33.2, claramente establece que ha de recibir la pena de muerte ¿estoy moralmente obligado a matarlo yo mismo?

En el Levítico 21.20, sé que uno no puede acercarse al altar de Dios si tiene un defecto en la vista ¿he de confesar que necesito gafas para leer? ¿mi agudeza visual tiene que ser del cien por cien?

La mayoría de mis amigos (varones) llevan el pelo arreglado y bien cortado, a pesar de que ésto está expresamente prohibido por el Levítico, 19.27.

Sé, gracias al Levítico, 11.6-8, que tocar la piel de un cerdo muerto me convierte en impuro. Aún así, ¿puedo continuar jugando al balonmano con guantes?

Mi hijo tiene una granja. Incumple lo que se dice en el Levítico, 19.19, ya que planta dos cultivos distintos en el mismo campo, y también lo incumple su mujer, ya que lleva prendas hechas de dos tipos de tejidos (algodón y poliéster). Además, se pasa el día maldiciendo y blasfemando. ¿Es necesario reunir a todos los habitantes del pueblo para lapidarlos? (Lev. 24.10-16). ¿No podríamos sencillamente quemarlos vivos en una reunión familiar privada, como se hace con quienes duermen con sus parientes políticos? (Lev. 20.14).

Sé que usted ha estudiado estos asuntos con gran profundidad, así que confío plenamente en su ayuda. Gracias de nuevo por recordarnos que la palabra de Dios es eterna e inmutable.

Sinceramente… George Gay.