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jueves, 1 de enero de 2009

Rumbo a Galicia

ENE/09


Rumbo a Galicia.

Reproducimos literalmente una curiosa conversación interceptada por radio en la costa de Finisterre (Galicia). Aseguran que es verídico.

Tras un ruido de fondo que dificulta escuchar con claridad, se consigue identificar una voz con acento gallego que dice… -“Por favor, desvíen su rumbo quince grados Sur para evitar colisión…”.-

A pesar del ruido producido por las interferencias, se adivina la respuesta en un idioma que no es el castellano, es inglés. Parecen repetir la misma frase, no obtienen respuesta. Pasados unos segundos se oye con claridad una voz con acento extranjero, pero esta vez, se comunica en castellano…

- “Recomendamos que desvíen su rumbo quince grados Norte para evitar colisión.”-

La respuesta de los gallegos no se hizo esperar, con un tono de voz que no oculta su nerviosismo responde…

- “Negativo. Repetimos, desvíes su rumbo quince grados Sur para evitar colisión.”-

Tras unos segundos sin respuesta, se oye la voz de un interlocutor distinto, ahora más firme, con evidentes signos de enfado: -“Al habla el capitán de un navío de los Estados Unidos de América. Insistimos, desvíen su rumbo”-.

La insistencia y tozudez de los gallegos sorprende, pues no parecen alterarse por el mensaje que acaban de recibir, e insisten…

-“Volvemos a repetir, les recomendamos que desvíen su rumbo”-.

La respuesta de los americanos es implacable: -“Les habla el capitán del portaviones de la Marina de los EE.UU. Lincoln USS, el segundo navío de guerra más grande de la flota norteamericana. Nos escoltan tres destructores, tres cruceros y numerosas corbetas de apoyo. Nos dirigimos hacia aguas del Golfo Pérsico para preparar maniobras militares. Les ordeno que desvíen su curso quince grados Norte. En caso contrario nos veremos obligados a tomar las medidas necesarias para garantizar la seguridad del buque”-.

Los gallegos firmes pero con socarronería… -“Les hablamos desde un faro, coño. Somos dos personas. No tenemos ni puñetera idea de nuestra posición en el ranking de los faros españoles. Nos escolta un perro, tenemos bocatas y dos vasos de Ribeiro. Tenemos el apoyo de Cadena Dial de la La Coruña y estamos en tierra firme. Pueden tomar las medidas que consideren oportunas si les da la gana, pero para garantizar la seguridad de su buque, volvemos a insistir, lo mejor es que desvíen su rumbo, porque a ver cómo narices movemos nosotros el faro, ¡manda carallo!”-.

Romper cadenas

ENE/09


Romper cadenas.


Conocí a Raúl tres años después de haber sido liberado de un secuestro. Sus captores lo habían encerrado en un armario durante seis meses amarrado con cadenas. Me hablaba con un entusiasmo lleno de ilusiones y de afecto, parecía feliz a pesar de haber soportado una experiencia tan destructiva.

-¿No sientes rabia o rencor hacia tus secuestradores? –le pregunté abiertamente-. Me miró, se frotó las manos con las manos y su rostro se ensombreció por un instante.

- Cuando me liberaron, -respondió con firmeza- no fue fácil. Mi desesperación y mis rencores eran mi peor tortura, pero un día decidí que ya no quería cargar más con las cadenas.

- ¿A qué te refieres? –dije intrigado-

- Yo estuve secuestrado con otra persona –replicó-, nos liberaron al mismo tiempo. Después me la encontré, rabiosa y amargada, sólo hablaba de su pasado, del daño irreversible que le habían causado, de lo crueles que habían sido, de lo feliz que se sentiría el día en que se hiciera justicia. Guardó silencio por un instante, como si revisara sus propias reflexiones.

- ¿Sabes? –prosiguió después de una pausa-, al ver a esta persona me dí cuenta que daba lo mismo que lo hubieran liberado, que su cuerpo estuviera libre, porque él había decidido seguir secuestrado en su mente, en su dolor, en su pasado. Prefería pensar en sus captores, no disfrutaba a su familia, ni de la posibilidad de construir el presente o el futuro.

- Pero, ¿cómo se puede olvidar algo tan duro? –seguí preguntando-.

- Mis secuestradores me quitaron la libertad, pero no voy a permitir que me quiten mi tranquilidad, si yo continuo alimentando ese rencor, les estaré dando mi vida, es como si eligiera llevarlos conmigo en cada momento, para el resto de mis días. Ni mis seres queridos, ni yo nos merecemos eso, la verdadera venganza será mi felicidad, dejarlos atrás y disfrutar de cada instante de mi vida. Hizo una pausa y miró hacia adelante con una expresión alegre.

- Las verdaderas cadenas –concluyó- las tenemos en nuestra mente cuando decidimos continuar pegados al dolor, al resentimiento o al pasado. Eso es peor que un armario oscuro, -dijo con énfasis, y prosiguió- yo prefiero que los míos me recuerden como alguien que supo reacoger la alegría de la vida y no como alguien que se quedó alimentando la rabia y la autocompasión.

Todo bajo control

ENE/09


Todo bajo control.


Cuentan que un viejo árabe musulmán iraquí afincado en la populosa ciudad norteamericana de Chicago desde hacía más de cuarenta años, quiso un día plantar patatas en su jardín, pero arar la tierra era un trabajo demasiado pesado para él. Su único hijo, Ahmed, se encontraba estudiando en Francia. El viejo, avezado en el uso del ordenador por la exigencia social del entorno, le mandó un e-mail a su hijo explicándole el problema…

“Querido hijo Ahmed: Me siento mal porque no voy a poder plantar mi jardín con patatas este año. Estoy muy viejo para arar la tierra. Si tú estuvieras aquí todos mis problemas desaparecerían. Sé que tú levantarías y removerías toda la tierra por mí. Te quiere papá.”

Pocos días después recibió un e-mail de su hijo diciéndole…

“Querido padre: Por todo lo que más quieras, no toques la tierra de ese jardín. Ahí es donde tengo escondido aquello. Te quiere Ahmed.”

A las 4 de la madrugada de esa misma noche aparecieron los policías locales, los agentes del FBI, de la CIA, los S.W.A.T., los Rangers, los Marines, Steven Seagal, Silvester Stalone y algún sobresaliente más de los cuerpos de élite y representantes del Pentágono, que con escavadoras, perforadoras y todo tipo de sofisticadas maquinarias, comenzaron a remover toda la tierra del jardín buscando materiales para construir bombas, armas… lo que sea. Pero, después de horas de infructuosa búsqueda no encontraron nada y terminaron por desmantelar el campamento y marcharse. Ese mismo día, el viejo recibió otro Mail de su hijo…

“Querido padre: Seguramente la tierra ya estará lista para plantar patatas. Es lo mejor que pude hacer dadas las circunstancias. Te quiere Ahmed.”

Son malos tiempos. Desconfianza, temor, recelo… Sobrevivir es cuestión de astucia. La esgrimida por los personajes de esta historia es un paliativo para la psicosis que invade el mundo. A unos más que a otros.