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domingo, 1 de febrero de 2009

Así es la vida... según Quino


FEB/09


Así es la vida… según Quino.

Para Quino, genial y polifacético, la forma en que se desarrolla la vida está mal diseñada…

Lo primero que debería ocurrirle a uno en la vida es morirse, así nos libramos de ese trance cuanto antes, parece ser tan desagradable como es, aunque ¡quién narices ha venido a contarlo!...

La siguiente etapa de la vida debería ser la vejez. Vives en un asilo de ancianos hasta que tienes una edad que ya no te permite estar allí porque no eres lo bastante viejo, hasta alrededor de los 60 o 65 años.

Es entonces cuando empiezas a trabajar, trabajar y trabajar, durante cuarenta años, con cada año de trabajo te sientes con más energía, hasta que llega el momento de la jubilación porque eres demasiado joven para trabajar y tener responsabilidades.

En ese momento empiezan las fiestas, la diversión, las juergas hasta la madrugada, las drogas, el alcohol, el sexo, las/los amantes, los novios, las novias, el probarlo y descubrirlo todo… y cuanto más vives menos consciente eres de la realidad adulta, adultos a los que cada vez entiendes menos. Hasta que aparece la pubertad y su acné, te sientes extraño en un cuerpo que no reconoces. Y por fín, llegas al colegio, cada vez eres más niño, más ingenuo, pasas la vida jugando, no sabes lo que son responsabilidades más allá de lavarte los dientes o tener ordenado tu cuarto.

Hasta que entras en preescolar ¡qué divertido! Garabatear y dibujar a tus anchas, ponerte de helado hasta los ojos, jugar en el parque… y en casa, cada vez mejor, ya no has de ordenar tu habitación y todos te hacen mucho caso.

Luego pasas a ser un bebé, es estupendo, estar en los brazos de papá y mamá, te acunan, te bañan, te dan de comer a la más mínima protesta.

Ya vas de nuevo al vientre materno, ¡qué paz!, ¡qué calentito!, están flotando en un líquido tibio, no hay ruidos, nunca tienes hambre, nada te molesta… Son los últimos maravillosos nueve meses de tu vida, hasta que tu vida se apaga en un orgasmo alucinante… ¡Eso sí que es vida amig@s!

Un antes y un después

FEB/09


Un antes y un después.


Después de tantos años de espera había llegado el momento más propicio. Un momento que podría deparar sustanciosos intereses. Sólo era necesario convertir a su protegido, el pobre hijo de un miserable sastre, en el vicepresidente del Banco Mundial.

Manos a la obra, el casamentero se dirigió a casa del sastre del pueblo, un hombre pobre y trabajador con una larga como amarga experiencia en los negocios y en la propia vida.

- Buen día señor sastre. Tengo una novia para su hijo.

- Mire casamentero –respondió el sastre-, yo no me meto en la vida de mi hijo, él hace lo suyo.

- Sí, sí… comprendo… , pero… la novia es la hija de Lord Rotschild…

- ¡Hombre!, hubiera empezado por ahí, por supuesto que aceptamos…

El casamentero se encaminó inmediatamente a casa del potentado Lord Rotschild. Llamó a la puerta y un instante después, un estirado mayordomo le acompañó hasta una amplia estancia en la que, reclinado en una robusta butaca de cuero viejo, junto a una gran ventana, reposaba impasible el viejo potentado.

- Muy buenos días Lord Rotschild… ¡tengo un novio para su hija!.

- ¡Ahh…! Muy bien, hay muchos candidatos, pero ninguno adecuado, -replicó displicente el millonario.

- Mire Lord Rotschild, éste es un muchacho joven y muy elegante es… el vicepresidente del Banco Mundial.

- ¡Hombre, hubiera empezado por ahí, por supuesto que aceptamos! – concluyó el viejo.

El casamentero tomó raudo el camino de casa del Presidente del Banco Mundial. Aunque parecía misión imposible, haciendo valer sus referencias, finalmente fue recibido…

- Muy buenas tardes señor Presidente. Permítame que le diga que tengo un candidato extraordinario para ser el vicepresidente de su banco.

- ¡Ja, ja, ja…! ¡No me diga! Sé que debe haber por lo menos cien mil candidatos a ese puesto.

- Sí, es verdad… pero éste es un hombre joven, muy elegante y tan inteligente y bien posicionado que es el yerno de Lord Rotschild.

- ¡Hombre, hubiera empezado por ahí!, ¡por supuesto que aceptamos!.

Por suerte para el hijo del sastre, la primogénita del millonario era una bella damisela que vivió un vida muy feliz criando a sus hijos en una gran mansión, la casa del Vicepresidente del Banco Mundial.

Resultados finales

FEB/09


Resultados finales.


Había una vez, en un pueblo, dos hombres que se llamaban Joaquín González. Uno era sacerdote y el otro era taxista. Quiso el destino que los dos murieran el mismo día. Al llegar al cielo, San Pedro les esperaba para recibirles.

- ¿Tu nombre? –pregunta San Pedro al primero.

- Joaquín González.

- ¿El sacerdote?

- No, no; el taxista. San Pedro consulta su planilla y dice:

- Bueno, te has ganado el paraíso. Te corresponden estas túnicas de seda con hilos de oro y esta vara de oro con incrustaciones de rubíes. Puedes pasar.

- Gracias, gracias… -dice el taxista.

Pasan dos personas más, y luego le toca el turno al otro Joaquín, quien había presenciado la entrada de su paisano.

- ¿Tu nombre?

- Joaquín González.

- ¿El sacerdote?

- Sí.

- Muy bien, hijo mío. Te has ganado el Paraíso. Te corresponde esta bata de poliéster y esta vara de plástico. -El sacerdote dice:

- Perdón, no es por presumir, pero… debe haber un error ¡Yo soy Joaquín González, el sacerdote!

- Sí hijo mío, te has ganado el Paraíso. Te corresponde la bata de…

- ¡No, no puede ser! Yo conozco el otro señor, era taxista, vivía en mi pueblo, ¡era un desastre como taxista! Se subía a las aceras, todos los días causaba algún destrozo, una vez se estrelló contra una casa, conducía muy mal, tiraba los postes del alumbrado, se llevaba todo por delante. Y yo me pasé cincuenta años de mi vida predicando todos los domingos en la parroquia. ¿Cómo puede ser que a él le toque una túnica con hilos de oro y vara de oro con incrustaciones de rubíes y a mi este? ¡Debe haber un error!.

- No, no es ningún error –dice San Pedro. Lo que pasa es que aquí en el cielo ha llegado la globalización con sus nuevos enfoques administrativos. Nosotros ya no hacemos las evaluaciones como antes.

- ¿Cómo? No entiendo…

- Claro, ahora nuestro sistema de trabajo es por objetivos y resultados. Mira, te voy a explicar tu caso y lo entenderás enseguida: durante los últimos cincuenta años, cada vez que tú predicabas, la gente se dormía; pero cada vez que el taxista conducía, la gente rezaba y se acordaba de Dios. Entonces, ¿quién vendía más nuestros servicios? Nos interesan los resultados, hijo mío. ¡Re-sul-ta-dos!