FEB/09
Resultados finales.
Había una vez, en un pueblo, dos hombres que se llamaban Joaquín González. Uno era sacerdote y el otro era taxista. Quiso el destino que los dos murieran el mismo día. Al llegar al cielo, San Pedro les esperaba para recibirles.
- ¿Tu nombre? –pregunta San Pedro al primero.
- Joaquín González.
- ¿El sacerdote?
- No, no; el taxista. San Pedro consulta su planilla y dice:
- Bueno, te has ganado el paraíso. Te corresponden estas túnicas de seda con hilos de oro y esta vara de oro con incrustaciones de rubíes. Puedes pasar.
- Gracias, gracias… -dice el taxista.
Pasan dos personas más, y luego le toca el turno al otro Joaquín, quien había presenciado la entrada de su paisano.
- ¿Tu nombre?
- Joaquín González.
- ¿El sacerdote?
- Sí.
- Muy bien, hijo mío. Te has ganado el Paraíso. Te corresponde esta bata de poliéster y esta vara de plástico. -El sacerdote dice:
- Perdón, no es por presumir, pero… debe haber un error ¡Yo soy Joaquín González, el sacerdote!
- Sí hijo mío, te has ganado el Paraíso. Te corresponde la bata de…
- ¡No, no puede ser! Yo conozco el otro señor, era taxista, vivía en mi pueblo, ¡era un desastre como taxista! Se subía a las aceras, todos los días causaba algún destrozo, una vez se estrelló contra una casa, conducía muy mal, tiraba los postes del alumbrado, se llevaba todo por delante. Y yo me pasé cincuenta años de mi vida predicando todos los domingos en la parroquia. ¿Cómo puede ser que a él le toque una túnica con hilos de oro y vara de oro con incrustaciones de rubíes y a mi este? ¡Debe haber un error!.
- No, no es ningún error –dice San Pedro. Lo que pasa es que aquí en el cielo ha llegado la globalización con sus nuevos enfoques administrativos. Nosotros ya no hacemos las evaluaciones como antes.
- ¿Cómo? No entiendo…
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