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lunes, 9 de noviembre de 2009

El genio del móvil.

El genio del móvil.

Ya sabemos que cuesta de cree, pero es una de las leyendas urbanas que circula de boca en boca y quien la cuenta dice que es verídica.

Era una hermosa mañana de viernes. El dueño de la fábrica, su jefe de administración y su jefe de almacén iban a tomar el cafetito de media mañana cuando, de repente, se encontraron un teléfono móvil casi oculto entre las basuras que se arremolinaban por los suelos. Uno de ellos lo frotó con las manos para sacudir el polvo que ocultaba la pantalla y grande fue su sorpresa cuando, al tiempo que empezaba a sonar el aserejé iba apareciendo un auténtico genio que surgía del interior del celular. Al verlos, el genio dijo:

- Bueno, ya sé que no se trata de una lámpara, pero imagino que conocen el procedimiento habitual para estos casos. Ustedes ¿saben, eso de los tres deseos? Normalmente se los concedo a una única persona, pero en este caso cono son tres, le concederé un deseo a cada uno.

El jefe de administración quiso ser el primero, y sin perder el rictus de la cara de bobo que se le quedó presenciando tan inesperada aparición dijo:

- Me gustaría pasar el resto de mi vida viviendo en una gran casa sin problemas de dinero y rodeado de hermosas mujeres que me idolatren.

El genio le concedió el deseo y lo envió a una lujosa casa, con mucho dinero y muchas mujeres, dejando en su lugar una nubecilla de polvo iluminado que se desvaneció en pocos segundos.

Le imitó el jefe de almacén que, mirando de soslayo a su impertérrito jefe, se atrevió a balbucear:

- Me gustaría pasar el resto de mi vida en un gran y lujosos crucero por el Mediterráneo, en mi propio trasatlántico sin problemas de dinero y rodeado de hermosas mujeres que me idolatren.

El genio le concedió el deseo y lo envió al crucero por el Mediterráneo, con mucho dinero y muchas mujeres, dejando tras de sí la comentada nubecilla.

El dueño de la fábrica seguía allí, impasible. El genio, tras esperar un largo silencio preguntó:

- ¿Y tú? ¿cuál es tu deseo?. – Sin pensarlo dos veces e irritado dijo:

- ¡Los quiero de vuelta después del almuerzo!.

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