MAR/09
La historia irremediable.
Cuando Aburrimiento bostezó por tercera vez, Locura, como siempre tan sorprendente, propuso jugar al escondite. Intriga arqueó la ceja y Curiosidad, sin poder contenerse preguntó: «¿Al escondite?, ¿Cómo es?». «Es un juego», explicó Locura. «Yo me tapo la cara y cuento desde uno hasta un millón mientras os escondéis, y cuando yo termine de contar el primero que encuentre ocupará mi lugar para seguir jugando». Entusiasmo bailó secundado por Euforia. Alegría dio tantos saltos que terminó por convencer a Duda, e incluso a Apatía, a la que nunca le interesaba nada. Pero no todos quisieron participar, Verdad prefirió no esconderse. ¿Para qué?, si al final siempre la encontraban. Soberbia opinó que era un juego muy tonto -en el fondo lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido suya-, y Cobardía prefirió no arriesgarse...
«Uno..., dos..., tres...», comenzó a contar Locura. La primera en esconderse fue Pereza, que se dejó caer tras la primera piedra del camino. Fé subió al cielo y Envidia se escondió tras la sombra de Triunfo, que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto. Generosidad casi no podía esconderse, cada sitio le parecía maravilloso para alguno de sus amigos. «¡Un lago cristalino!, ideal para Belleza. ¿Un árbol hueco? Perfecto para Timidez. ¿Una ráfaga de viento? Magnífico para Libertad...». Terminó por ocultarse en un rayo de sol. Egoísmo, en cambio desde el principio encontró un sitio muy bueno, ventilado, cómodo... pero sólo para él. Mentira se escondió en la profundidad marina. Bueno, en realidad se escondió detrás del arco iris. Pasión y Deseo en el cráter de un volcán. Olvido... no me acuerdo... pero no importa. Cuando Locura contó 999.999, Amor aún no había encontrado escondite, todo estaba ocupado. Pero divisó un rosal y enternecido decidió esconderse entre sus flores. «¡Un millón!» concluyó Locura, y comenzó a buscar.
La primera en aparecer fue Pereza, sólo a tres pasos. Después escuchó a Fé discutiendo de Teología. A Pasión y Deseo les sintió vibrar en el volcán. En un descuido encontró a Envidia y claro, así pudo deducir donde estaba Triunfo. Egoísmo no tuvo ni que buscarlo, él solito salió disparado de su escondite: ¡un nido de avispas! De tanto buscar sintió sed y al acercarse al lago descubrió a Belleza. Con Duda resultó más fácil todavía, la encontró sentada sobre una cerca sin decidirse a qué lado esconderse.
Así fue encontrando a todos, Talento entre la hierba fresca. Angustia en una oscura cueva. A Mentira detrás del arco iris... (¿Mentira?, ¡sí ella estaba en el fondo del océano!). Hasta Olvido... que no recordaba que estaba jugando al escondite. Sólo Amor no aparecía por ningún sitio. Locura buscó detrás de cada árbol en cada nube, en cada arroyuelo del planeta. Cuando iba a darse por vencida divisó un rosal y sus rosas... Comenzó a mover las ramas y de repente se oyó un doloroso grito. Las espinas habían herido en los ojos a Amor. Locura no sabía qué hacer para disculparse, lloró, rogó, imploró, pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo.
Desde entonces, Amor es ciego y Locura es su eterna compañera.
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